Opiniones de la ciencia que causaran curiosidad en ti

Que opina la ciencia
Que opina la ciencia

Que opina la ciencia de la oración

Una de las manifestaciones religiosas más estudiadas por la ciencia médica y por la psicología es la oración. Quizás movida por la evidencia de que buena parte de los que la practican aseguran sentirse mejor después de hacerlo ¿Qué hay de cierto en ello?. Más de 200 estudios médicos se han realizado acerca de esta materia con resultados, cuando menos, sorprendentes: en 1995, una investigación del Centro Médico Dartmouth-Hitchcock de los Estados Unidos determinó que uno de los factores de sobrevivencia en pacientes de enfermedades coronarias graves era el grado de fe con el que realizaban sus oraciones. Se sabe que las personas que acuden a misa tienden a tener menos problemas de hipertensión arterial. En una revisión de las historias clínicas de 30 mujeres afectadas de rotura de cadera se demostró que las que habían pedido a Dios su curación se recuperaron antes.




Muchos estilos han mostrado menores índices de depresión entre los creyentes practicantes que entre los agnósticos. Existen muchas posibles explicaciones a estos datos. La más utilizada es que la adhesión a una creencia religiosa implica prácticas sociales como la oración, acudir a misa o recibir consuelo de otros feligreses que favorecen el soporte social y, por ende, benefician el estado general de ánimo del enfermo.

Pero también se ha estudiado la indudable conexión entre la oración y la relajación y, por lo tanto, la puesta en funcionamiento de una serie de sustancias relajantes en el organismo. Algunos médicos incluso incluyen en sus cuestionarios a sus pacientes preguntas sobre sus hábitos religiosos para adecuar la terapia a esta realidad psicosomática.

Que opina la ciencia de los milagros

¿Hay algo de cierto en los milagros bíblicos? ¿Es posible un escrutinio científico de los mismos? Sin duda lo es, al menos desde el punto de vista de la ciencia histórica.

Son muchos los estudios que se han realizado para intentar identificar los sucesos sobrenaturales de las Escrituras con hechos acontecidos en la realidad. Por ejemplo, se sabe que el Éxodo se pudo producir durante el mandato del faraón egipcio Amenhotep II, a mediados del siglo XV antes de Cristo. Los israelitas pudieron huir de la esclavitud gracias a un tremendo revés militar del faraón en el que tuvo que ver una sucesión de desastres naturales, entre ellos, una marea (¿la separación de las aguas del Mar Rojo?).




Pero a la hora de analizar éste u otros episodios milagrosos no es fácil escoger un enfoque más allá del registro meramente histórico. Pongamos, por ejemplo, el caso de las curaciones milagrosas de Jesús. Parece probado, a través de varios textos rabínicos y otros legados de valor testimonial, que en la época en que se supone que vivió Jesús se produjeron curaciones que a los ciudadanos les parecieron portentosas.

Los científicos escépticos las atribuyen, sin duda, a cuestiones psicosomáticas que tienen que ver con la sugestión y con la creencia en el valor curativo de la fe, mientras los creyentes encontrarán en ellas una indiscutible intención divina. La ciencia histórica, por su parte, sólo puede limitarse a corroborar que las gentes de la época creyeron ser testigos de un milagro y así lo dejaron escrito. El estudio científico de hechos de este tipo es tan difícil que muchos escépticos se niegan de plano a apuntar su lupa a fenómenos que consideran ilusorios y poco probables.

Que opina la ciencia de la biblia

Los textos bíblicos están preñados de referencias históricas a prácticamente todas las culturas, pueblos e imperios habidos desde los albores de la civilización occidental. Por eso, averiguar qué hay de cierto en ellos y tratar de identificar, desde el punto de vista arqueológico, los pasajes que desgranan es un empeño común de muchos científicos. Las tierras de Siria y de Israel son, por ese motivo, constantemente perforadas en busca de una prueba que haga verosímil, tal o cual versículo.




A medida que se desentierran objetos arqueológicos, el perfil de algunos de los nombres míticos de los textos sagrados se aclara, y las voces de los judíos y católicos ultra ortodoxos, reacios a este tipo de acercamientos históricos, se encrespan. Algunos logros recientes, como la exhumación de lo que pudo ser la vaca sagrada mencionada en el Éxodo, la reconstrucción de algunos de los textos originales del Antiguo Testamento, la identificación de la Estrella de Belén con un fenómeno astronómico del tipo de las supernovas o la aparición de las primeras inscripciones con el nombre de Macabeos han sido sonadas.

Pero los textos bíblicos son demasiado amplios y en ellos confluyen demasiados intereses culturales y emocionales como para que se llegue a un acuerdo global sobre su exactitud histórica o científica. Por eso, muchos opinan que el mejor acercamiento es una exégesis a medio camino entre la historia, la antropología y la crítica literaria que nos permita, al menos, interpretar qué nos quisieron decir sus autores.

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