El Teatro Ingles del Siglo XX

Teatro Covent Garden

En los primeros años del siglo sólo tres teatros londinenses —Covent Garden, Drury Lane y Theatre Royal— están provistos de un permiso real denominado patent que los autorizaba a poner en escena dramas serios (legitimate drama). Los demás, ilegales hasta la aprobación de la ley de 1843, satisfacían las exigencias de un público cada vez más numeroso que exigía diversión, En estos lugares de esparcimiento se representaban farsas, operetas, melodramas, extravagancias y burletas construidas a base de muy socorridas fórmulas para provocar la risa y el llanto de los espectadores. Los empresarios se resistían, desde ‘luego, a la introducción de cualquier tipo de novedad literaria o escenográfica que mermara sus pingües ingresos.

Teatro

Los montajes eran extravagantes y llenos de artilugios mecánicos, por lo cual los tramoyistas eran los verdaderos amos de la escena: fantasmas, demonios, hadas y duendes volaban por los escenarios. En el teatro Sadler Wells, cerca del canal de New River, había complicadas exhibiciones acuáticas y en el mismo Drury Lane se estrenó un melodrama de un tal Edward Ball en el que aparecían en el escenario caballos y hasta una catarata.

Coincidiendo con la moda de la novela gótica, se impuso el teatro alemán Y El melodrama, nacido a fines del siglo XVIII, predominó rápidamente con sólo ligeras modificaciones y tramas cada vez más complicadas: crímenes, raptos, sustituciones de niños y escenarios de profundas perspectivas en los que la luz de los reflectores formados por lámparas de gas tenia por primera vez un papel preponderante.

Teatro Drury Lane

 

Si bien no existieron grandes autores, hubo legendarios actores que pasaron a la historia del teatro y son quizá los antecedentes de las «estrellas» de hoy: Kean, Reblen, Macready. Para su lucimiento se modificaba incluso la letra de los clásicos, se suprimían escenas o se adaptaba libremente a Shakespeare. Otro obstáculo minó, durante décadas, la calidad de los espectáculos teatrales: la censura. El Lord Chamberlain inglés tenía la facultad de prohibir las representaciones que menoscabaran la moralidad e incitaran a la sedición.

La ley venía de 1737 y había servido para acallar al novelista Henry Fielding. Fue abolida en 1968, aunque en los últimos tiempos se aplicó muy poco. A partir de 1850, aun cuando los dramas románticos gozaban del favor del público, algunos autores empiezan a plantear con timidez problemas contemporáneos. Thomas William Robertson (1829-1871) dio el tono a esta nueva modalidad.

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